VERDAD

Tu madre sí que te esperaba. Te imaginaba. Ya había rodeado una pequeña mancha en el gotelé. Y llevaba más de tres meses haciendo unos patucos que tengo encima de mi escritorio. Debe haberte imaginado con los pies muy romos, porque los patuquitos acaban de una forma un tanto abrupta, redonda pero en un semicírculo bastante cerrado, más como una uña que como una bala, más tirando a submarino soviético. Será lo primero que vistas. No hace falta que te gusten. No hace falta que le gusten a nadie. Su propósito no es gustar, sino contener los días y la impaciencia y el deseo y el amor, todo en un pequeño trapo de desarrollo trapezoidal que, plegado sobre sí mismo, es capaz de albergar todas esas cosas, no para aparentar, sino para ser verdad. La verdad no necesita aparentar, se presenta de improviso. Es como tú, que de repente existe, y su sola presencia es capaz de cambiarle el signo a todo lo que creías, y darle la vuelta a una ciudad entera aunque el otro lado sea oscuro y huela mal.

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